jueves, 29 de octubre de 2009

¿Sabías qué?... 1950

Nuevamente se disputó un mundial en América, esta vez el anfitrión fue Brasil. Sin dudas el 16 de julio de 1950 quedó marcado para siempre, en la memoria de uruguayos, brasileños y de todo el mundo, ese día ocurrió el popular “Maracanazo”.

En abril de ese año la selección nacional no tenía técnico, además todavía tenía que jugar las Eliminatorias para poder clasificar al campeonato. La FIFA resolvió que Uruguay, Paraguay y Perú debían viajar Río de Janeiro para disputar el triangular clasificatorio de donde saldrían los dos países que participarían del mundial.

Al no tener entrenador, Peñarol dijo que si el húngaro Hirsch no era designado, sus jugadores no iban a actuar con la celeste. En mayo viajaron a buscar la clasificación, SIN TÉCNICO. Perú no se presentó, por eso charrúas y guaraníes ingresaron directamente.

Al regreso a Montevideo los problemas continuaron. Finalmente pocos días antes de comenzar el torneo fue designado Juan López como director técnico de Uruguay.


ANTES
Los uruguayos llegaron al Maracaná cuatro horas antes del encuentro, para disputar la final.


Roque Máspoli, golero uruguayo contó: “Llegamos al Maracaná al mediodía. Y nos habían acercado unos colchones para descansar hasta la hora del partido. Pero el estadio no estaba totalmente terminado, y por algunos huecos en las paredes del vestuario nos molestaban tirando petardos. Parecía que era la guerra y nosotros esquivábamos las granadas”.

Por otra parte los dirigentes uruguayos le pidieron a los jugadores que trataran de no pasar vergüenza. “Guante blanco ya estamos cumplidos con haber llegado y poder jugar la final”, y “Traten de no comerse seis, con cuatro estamos cumplidos”.

Schubert Gambetta respondió: “Los de afuera son de palo” y el mediocampista Obdulio Varela le dijo a los dirigentes: “Hechos un carajo, hechos solamente si ganamos...si entramos vencidos es mejor ni salir al campo de juego, no vamos a perder ese partido, y si lo hacemos no será por cuatro goles”.

Además el capitán dijo antes de entrar a la cancha, ”No piensen en toda esa gente, no miren para arriba, el partido se juega abajo y si ganamos no va a pasar nada, nunca pasó nada”.

Máspoli, le realizó un expreso pedido al técnico Juan López: “Los defensores nuestros deben apretar bien a los punteros de Brasil, para que no tiren centros”. A lo que el entrenador respondió con la única indicación de la corta charla técnica: “Bueno muchachos, ahora un huevo en cada zapato y vamos para arriba”.

Todavía en los vestuarios, Varela juntó a sus compañeros y los aconsejó: “Muchachos, si los respetamos a los brasileños, nos caminan por arriba, así que nada de esquemas conservadores, vamos a salir a ganar al partido”.

Una vez en el campo de juego, todos los fotógrafos, retrataban al seleccionado local, así que Eusebio Tejera, con un dejo de clarividencia les gritó: “¡Vengan para acá, que el campeón está acá!”.


DURANTE

Brasil y Uruguay deberían disputar el último partido del cuadrangular, ya que éste fue el único Mundial que la definición fue entre cuatro equipos, en el recién inaugurado estadio Maracaná, el más grande del mundo.

Los locales por su condición y su muy buena campaña eran favoritos, además contaban con el apoyo de 200 mil personas en su estadio.

Los brasileños habían ganado sus dos encuentros previos, mientras que los celestes habían empatado uno y vencido el otro, por lo que una igualdad favorecía a los norteños.

Minutos antes de la final los futbolistas de Brasil recibieron un reloj de oro para cada uno, que en la parte de atrás decía “Para los campeones del Mundo”, además afuera del estadio habían once limusinas, para llevar a los jugadores brasileños a sus respectivos hogares en gran estilo.

Ya estaba todo preparado para que los dueños de casa levantaran la copa, nadie pensaba en otra posibilidad.

Los diarios más importantes ya habían hecho las portadas, más de 50 mil camisetas se habían vendido con la frase ”Brasil Campeao 1950” y en el escenario de juego también habían pancartas en “Homenaje a los Campeones del Mundo”.

Incluso la Casa de la Moneda fabricó monedas conmemorativas con los nombres de los futbolistas de su seleccionado.

La banda de músicos presente, quienes al finalizar el cotejo debían tocar el himno del ganador, no tenía la partitura del himno uruguayo. Incluso el mismo presidente de la FIFA.

Jules Rimet, estaba convencido del triunfo local, en el bolsillo derecho de su saco llevaba un discurso en homenaje a los campeones brasileños, escrito en portugués, además las aurotidades locales desconsoladas se olvidaron de entregarle el trofeo a los celestes.

El relator brasileño Ary Barroso después del segundo gol uruguayo dijo “Yo ya sabía, yo ya sabía, yo ya sabía, no relato más”, y dejó la cabina de transmisión y además su profesión.


LOS GOLES

Carlos Solé fue el encargado de contarle a todo el pueblo oriental la gran victoria. Los relatos de ambos goles quedaron en el recuerdo de los uruguayos.

Primer gol
"...Quita Miguez para apoyar a Schiaffino; frente a él se defiende Bigode. La resta al centro de la cancha donde va a tomar Gambetta. Se corre Gambetta. Cruza la pelota en dirección a Julio Pérez. Julio Pérez arremete de frente a Danilo. Lleva la pelota Pérez. Le traba la pelota Danilo. Con todo la vuelve a tomar Pérez. Se repliega. Elude a Bauer. Apoya a Obdulio Varela. Varela al puntero Ghiggia. Avanza Ghiggia perseguido por Bigode. Lo anula Ghiggia a Bigode. Se corre al arco. Coloca el centro. Toma Schiaffino. Tira. Goool, goool uruguayo. Gol de Schiaffino. Schiaffino a los 21 minutos. Se le escapó Ghiggia al jugador Bigode. Colocó el centro y el jugador Juan Alberto Schiaffino la tomó de media vuelta. Colocó un violento remate alto dejando sin chances a Barboza a los 21 minutos. Schiaffino autor del tanto. Uruguay 1 Brasil 1..."

Segundo gol
"...La para Miguez y apoya Julio Pérez. Se va delante Julio Pérez con la pelota esperando que se cruce Ghiggia. Julio Pérez sigue atacando. Pérez a Ghiggia. Ghiggia a Pérez. Pérez avanza, le cruza la pelota a Ghiggia. Ghiggia se le escapa a Bigode. Avanza el veloz puntero uruguayo. Va a tirar. Tira. Goool, goool, goooool, goooooool uruguayo. Ghiggia tiró violentamente y la pelota escapó al contralor de Barboza. A los 34 minutos, anotando el segundo tanto para el equipo uruguayo. Ya decíamos que el gran puntero derecho del conjunto oriental estaba resultando la mejor figura de los uruguayos. Se escapó de la defensa brasileña. Tiró en acción violenta. La pelota rasante al poste escapó al contralor de Barboza y anotó a los 34 minutos Ghiggia el segundo tanto para Uruguay. Uruguay 2 Brasil 1. Autor del tanto Ghiggia a los 34 minutos..."


DESPUÉS

El presidente de la FIFA no sabía que hacer con la copa y casi se la entregó al capitán brasileño, al ver eso nuestro capitán le "sacó" el trofeo de la mano.

Tras el final del partido la prensa fue a buscar al capitán uruguayo preguntandole sobre el triunfo, el Negro Jefe contestó, “Fue casualidad”, después amplió su concepto, “Ganamos porque ganamos, nada más. Brasil era una máquina: nos llenaron a pelotazos. Métanselo en la cabeza: jugamos cien veces y sólo ganamos esa... La casualidad nos dio el triunfo”.

Obdulio pasó la noche de la coronación bebiendo cerveza de bar en bar, (mientras que varios de sus compañeros tenían miedo de que los mataran al salir) abrazado a los vencidos, en los mostradores de Río de Janeiro y negándose a festejar el triunfo con los hipócritas dirigentes uruguayos.

Al día siguiente en Montevideo huyó de los hinchas y periodistas que los estaban esperando con un gigantesco cartel luminoso con su nombre, se colocó un impermeable con la solapa levantada, anteojos oscuros, un sombrero y desapareció entre la multitud.
Nunca más aceptó hablar en un reportaje sobre aquella final del ´50.

Mientras Obdulio Varela vistió la camiseta de la selección uruguaya en un Mundial, ésta nunca cayó derrotada.

Julio Pérez, uno de los mejor jugadores de la final recordó: “Los cronistas se dejaban impresionar por las goleadas de Brasil, pero no se daban cuenta que los rivales se achicaban. Y no era para menos. La tribuna, la multitud, y todas esas cosas que pesaron en el ánimo de los españoles y los suecos, permitieron las goleadas. Pero eso con nosotros no camina. El equipo nuestro jugaba bien y estaba integrado por hombres”.

Skoglund, jugador sueco, recuerda aquel partido contra Brasil: “Cada vez que tocaba el balón, explotaban petardos a mi alrededor: era como un campo minado”.

También Oscar Omar Míguez contó: “¿Por qué nos iban a ganar?, ¿quiénes eran?. Nosotros nos teníamos confianza. Si usted entra sugestionado es peor... Ese campeonato no se perdía... Estaba escrito que ese día ganaríamos, no temíamos ni a Dios ni al Diablo. Si Máspoli hubiese jugado de delantero, hacía dos goles, y si yo hubiera ido al arco, atajaba dos penales”.

La peor tragedia de la historia de Brasil”, así calificaron los periodistas brasileños lo acontecido, al día siguiente un diario tituló, “Nuestro Hiroshima”.

El periodista Mario Filho, ideólogo del Maracaná, escribió en su columna: “La ciudad cerró sus ventanas, se sumergió en el luto. Era como si cada brasileño hubiera perdido al ser más querido. Peor que eso, como si cada brasileño hubiera perdido el honor y la dignidad. Por eso, muchos juraron aquel 16 de junio no volver nunca más a un estadio de fútbol”.

Por su parte en Argentina el periodico Clarín tituló: “La derrota por 2 a 1 en el Maracaná provocó hasta suicidios”.

A la hora de volver a Uruguay, el avión no despegaba porque había exceso de peso, entonces Obdulio se paró delante de los pasajeros hasta que individualizó a uno de los dirigentes que los había subestimado y le gritó: “¡Usted, abajo!”, a lo que el dirigente respondió descendiendo del avión con su mujer y su pequeño hijo.

El premio que recibió Obdulio Varela por ganar la copa del mundo, le alcanzó para comprar un Ford usado del '31, que le robaron a la semana siguiente.
Pero el reconocimiento más importante lo recibió 69 años más tarde, cuando fue elegido como el deportista uruguayo más importante del siglo XX.

Los dirigentes del fútbol uruguayo, quienes antes de comenzado el partido se conformaban con perder por menos de cuatro goles, como recompensa por haber logrado la copa del mundo, se otorgaron a sí mismos medallas de oro, mientras que los jugadores se tuvieron que conformar con unas de plata y algún dinero.




Tan grande fue la tristeza brasileña que por dos años no jugaron un partido internacional.

Años después de lo sucedido Jules dijo: “Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay. Al término del partido yo debía entregar la copa al capitán del equipo campeón. Una vistosa guardia de honor se formaría desde el túnel hasta el centro del campo de juego, donde estaría esperándome el capitán del equipo vencedor. Preparé mi discurso y me fui a los vestuarios pocos minutos antes de finalizar el partido. Pero cuando caminaba por los pasillos se interrumpió el griterío infernal. A la salida del túnel, un silencio desolador dominaba el estadio. Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso, ni entrega solemne. Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber que hacer. En el tumulto terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y casi a escondidas le entregué la estatuilla de oro, estrechándole la mano y me retiré sin poder decirle una sola palabra de felicitación para su equipo... ”.


video

1 comentario:

  1. NO ME CANSO DE LEER ESTA RICA HISTORIA!! QUE GRANDE GAMBETTA, OBDULIO, TODOS LOS JUGADORES! PARA ANALIZARLA EN LOS CENTROS DE ESTUDIO

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Soy celeste, soy celeste... celeste soy yo!! ♫ ♫ ♪