lunes, 28 de junio de 2010

Nació el "Volveremos a ser campeones"

Y mirá que resultamos supersticiosos. No te afeites, ponete la misma camiseta; no dejes de llevar la bufanda, ni te olvides de colocarte la bandera en la misma posición, o pintarte la cara. Esas y otras tantas cábalas respeta y sigue la afición celeste cada previa a un nuevo encuentro con los países rivales. Y no hubo excepción, y a las pruebas me remito, volvió a dar resultado. El triunfo dio la derecha otra vez; festejo, alegría y felicidad quedaron en la mojada vereda uruguaya.

Las caras y los rostros ya son familiares entre quienes hace más de dos semanas que vivimos y somos parte de esta gran fiesta mundialista. Varios compartimos paseos, hoteles y excursiones pero también aparecen emociones, sentimientos de por medio, y una identidad común que nos une dentro y fuera del campo deportivo. Algunas imágenes se repiten porque hay un par de personajes que resaltan más que otros en los partidos, y hacen que uno pegue la vuelta para observarlos. Un muchacho que lleva siempre una peluca rubia y larga es un caso típico. Y quizá hasta se trate de otra estrategia mística para conseguir nuevas victorias. Quién sabe. Da lo mismo. Pero allí estamos todos, al firme, siempre presentes.

Libertad o muerte. Hasta la bandera de los Treinta y Tres Orientales y la de Artigas flamearon en la tribuna que equivale a la Olímpica del Centenario. "Vamos que ahí salen; los globos a la cancha, y a cantar el himno con todo", alentaba un hincha, al tiempo que advertía que ya no quedaba ni una de las esferas celestes que se habían inflado previamente, pero sí se vislumbraba tremenda tormenta.

Auch. El primer susto sucedió apenas arrancó el primer tiempo. Pero afortundamente quedó en uno de esos clásico "casi gol" de Corea, que la selección nacional también repite a menudo, y nosotros retrucamos con frecuencia en cada instancia que se erra. Al minuto diez, Suárez remató, soprendió, y esa pelota sí que entró con todo en el arco rival, para poder gritar un gol completito, inesperado, que levantó a los celestes de una para saltar, gritar, abrazarse, y hasta besar la bandera. Ahora, a presionar, hacer otro, y después, aguantar. Manos arriba de la cabeza, uñas y dedos golpéando los asientos anaranjados del de adelante, miradas, gestos de temor con el del costado en cada jugada peligrosa, y expresiones de alivio cuando aquellas acababan en un intento fallido de los coreanos. Pero una aparición en la tribuna asombró más que el gol de Suárez, tal vez, y distrajo a la hinchada unos minutos. Un par de rubios con vuvuzela en mano, y poca pinta de uruguayos, llegaban con el torso desnudo y con un body painting que simulaba una casaca celeste con los nombres de los dos delanteros, Forlán y Suárez. "Esos no son nuestros", especulaban los hombres de la tribuna, mientras los muchachos bajaban las escaleras, pasaban a ser el centro de atención, y los flashes caían directo a sus ojos.

Llegó el gol de Corea, la llovizna, el aguacero, la tenencia de pelota de los rivales, la distracción de los celestes. Empapados, arribó el empate. Todo junto en el segundo tiempo. Qué les pasó, fue la pregunta inmediata de los hinchas. La lluvia caía con más fuerza, y el ataque de Uruguay cada vez era más débil.

El frío se hacía sentir. Por allá a lo lejos, uno sin remera. Demencial. Y así, cuando se nos venía el ánimo al piso, saltamos a gritar el segundo, también de la mano de Suárez. Estábamos del otro lado, entre los ocho mejores. Qué importaba el agua, el frío, y las futuras gripes. El muchacho sin remera pasó a ser el ubicado en medio de la euforia extrema que ahora predominaba en los uruguayos. Los últimos diez minutos fueron de puro canto, gritos, saltos, abrazos, y agonía. Porque no podemos ganar sin sufrir, es otra cábala, parece. Miramos lo que restaba para culminar el partido parados sobre las butacas, con riesgo de resbalar, sin capucha, porque los nervios podían más. Y aquellos dos "intrusos" del body painting, que no parecían de los nuestros, se bancaron el agua, y aguantaron el sentimiento.

"Volveremos a ser campeones como la primera vez"; "Olé, olé, olé, cada día te quiero más", y el infaltable "Soy celeste" se hicieron notar entre todos, que se unieron para formar un único y fervoroso coro. Emoción, llantos, risas, felicitaciones mutuas, e imágenes de 18 de Julio y la rambla a través de los celulares.

Ovación digital

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