viernes, 13 de agosto de 2010

“Quiero ser el técnico de la selección”

La nota está pactada para las 15 horas en el Museo del Fútbol pero se retrasa unos minutos. Es que Tabárez recibe a una señora que quiere obsequiarle un libro. Antes de retirarse, ella y su marido le piden al secretario de prensa de la AUF, Matías Faral, que les saque una foto junto al DT. Así anda el maestro por estos días. En los semáforos la gente le toca bocina, en la calle lo saludan y en los restaurantes se paran para aplaudirlo. Tabárez goza de un respaldo popular inmenso y lo disfruta, aunque lo lleva con simpleza.

¿Vio el partido el miércoles?

Si. Fue una cosa rara. Lo que más me gusto fue la profesionalidad. Jugaron seriamente, trataron de hacer cosas que veíamos en los partidos del Mundial, se ganó y se sigue viendo la gran cohesión que hay en este grupo. La solidaridad de cómo recibe el grupo a los nuevos y el hacerlo sentir bien. Porque más allá de festejar el gol con Abel Hernández, estoy seguro que lo recibieron de la mejor manera desde el momento que llegó. Eso es algo que se va a mantener porque la mayoría de estos jugadores van a estar, más allá de quién sea el entrenador, son ellos los que tienen la gran experiencia para trasmitir y una manera de sentir el estar en la selección. Más allá de eso, los partidos de agosto hay que reconsiderarlos porque ya van varias veces que vamos con los jugadores que no están en las mejores condiciones y con el mal humor de los equipos que lo tienen a cargo porque el riesgo de lesión es más alto. Lo mejor sería que la FIFA no fijara más fechas en agosto pero si eso no pasa, hay que reconsiderarlo en la estrategia.

¿Cómo está su situación? El jueves el diario El País cita unas declaraciones suyas en ESPN donde dijo “no estoy seguro de lo que voy a hacer”.

Es una declaración sacada de contexto y que ni siquiera dije. En esa nota me preguntaron si estaba seguro que iba a ser el entrenador de la selección. Y cómo voy a estar seguro si no depende solo de mi. Estoy seguro de lo que quiero, que es seguir siendo el entrenador de la selección, pero no de que lo sea porque depende de una reunión que hace tres semanas que no se produce. Eso dije.

¿Por qué se demora tanto?

Calculo que por problemas puntuales como la de la elección de las autoridades que han llevado su tiempo y después porque hay problemas estructurales en aspectos de generación de recursos, que son moneda corriente en otras ligas, y hablo desde las ligas emergentes hasta las de elite.

Hace algunos días dijo en No Toquen Nada que no ponía plazos.

Sí. En ningún momento lo hemos puesto. Han llegado sondeos y dijimos que no iban a ser considerados hasta que se terminara esta negociación con la Asociación Uruguaya de Fútbol.

¿Sigue en esa tesitura?

Sí, porque es lo que más me interesa hasta ahora. Supongo, y estoy seguro que va a ser así, ahora que ya están las autoridades se pondrán en contacto y se van a tener que definir las cosas

El juego

¿Cuál fue el mejor partido de Uruguay?

Desde el punto de vista de estar involucrado en un partido con gran ritmo, con gran nivel, de situaciones cambiantes, el partido con Alemania. Para mi fue el mejor partido desde lo futbolístico. Desde el punto de vista de la emoción y de lo que conseguimos el partido con Ghana es incomparable. Quizá en este Mundial no haya habido otro partido de tanta carga emocional.

¿Qué sintió cuándo Suárez puso la mano?

Primero no me di cuenta que era Suárez. Yo estaba convencido que era Fucile porque lo vi saltar y lo vi conversando con el árbitro cuando el árbitro sacaba la tarjeta. Y cuando vi venir a Luis me di cuenta que era él. Pensé que se terminaba todo. Y cuando pegó en el palo y se elevó lo grité como si fuera un gol a favor.

Hay una frase hecha que dice que los penales son suerte y verdad, sin embargo en el partido con Ghana es evidente que el final del partido posicionaba mejor a Uruguay para los penales.

Como dijo el entrenador de Ghana, Uruguay entró con ventaja psicológica. Es probable que así haya sido. Este grupo estaba muy afirmado, sabía lo que quería, sabía que si ganábamos la definición por penales conseguíamos algo que no era muy imaginable antes del Mundial y que nos permitía seguir con la posibilidad de ir a la final. Creo que eso fue muy influyente. Lo mio fue darle el respaldo a los que pateaban, al que defendía el arco, decirles que eran representantes del equipo pero que la responsabilidad tenía que ir solo hasta el momento que estuvieran seguros de lo que hacían. Después se puede errar o no porque esa es una circunstancia del fútbol. Y todos, incluso el Mono que pateó afuera, fueron con la convicción que se estaban jugando cosas muy importantes y creo que los hechos demuestran que en ese aspecto estuvimos mejor que los jugadores de Ghana.

Forlán contó que le costó un par de días recuperarse de la derrota con Holanda, ¿a usted también le pasó?

Los entrenadores tienen que salir antes que los jugadores de los climas emocionales porque enseguida tienen que pensar qué le dice a los jugadores, cómo se lo va a decir, si tiene que hablar en el momento o tiene que demorar su intervención. En cierto sentido es un maratonista porque no para nunca.

¿Pero interiormente le costó?

Costó sí. Hubo que aceptarlo. Perdimos con un equipo que venía invicto desde el 2008 y perdió su invicto en la final y era un equipo fuerte pero que por momentos lo tuvimos en un estado de paridad y que a pesar de los dos goles seguidos seguimos buscando hasta el final. Es verdad que contra Holanda y Alemania recibimos tres goles en cada partido pero fuimos los únicos que les hicimos dos goles, porque los salimos a buscar premeditadamente. Esos partidos se pueden planificar de mil maneras pero por lo que habíamos hablado con este grupo y por lo que fue el mensaje de siempre, teníamos que salir de igual a igual más allá de los jugadores ausentes.

¿Cómo maximizó las fortalezas del plantel para jugar el Mundial que jugó?

Porque mantuvimos una estructura básica en la conformación del plantel que nos permitió que con el correr del tiempo las ideas, los criterios y la convivencia fueran aportando cosas comunes que después fueron parte de las fortalezas del equipo dentro de la cancha. Además, tomamos decisiones que tienen que ver con la renovación generacional, que pensamos y no forzamos. Este grupo pasó momentos muy difíciles y siempre, y lo dijimos pero parece que no era suficiente para tenerle un poco de confianza, se rehizo de las circunstancias adversas. Esa característica la teníamos, y superada la meta de clasificar para el Mundial, estábamos convencidos que íbamos a jugar mejor. Porque si bien íbamos a encontrar más rivales de las características de Brasil y Argentina, el clima iba a ser más favorable y nosotros teníamos claro lo que había que hacer para llevar al equipo en condiciones. Sobre todo del punto de vista del descanso, de sacar los efectos negativos de las temporadas extenuantes.

Recuerdo una nota tras el partido con Suiza que usted fue muy elogioso con el equipo.

Es que fue un ejemplo de lo que venía diciendo. Ese día el equipo jugó muy bien y para mi fue una señal. Y el partido con Israel también, aunque esa noche hubo otra cosa que fue más importante que lo que pasó en la cancha: la demostración del feeling que había entre este grupo y la gente.

¿Cuánto ayudó no jugar amistosos previos al Mundial?

Fue importante. Nosotros siempre tuvimos claro que queríamos llevar las comodidades mínimas que tenemos en el Complejo a Sudáfrica. Y la ciudad de Kimberley nos dio esa posibilidad y el hotel Protea también. Porque el alojamiento era satisfactorio y nos permitía tener una cocina para nosotros, que la manejaba nuestro chef, hicieron las mejoras que pedimos y tuvimos un trato excelente de la gente de la ciudad y un clima que parecía que no estábamos en el Mundial. Había pocos periodistas, la mayoría uruguaya y se trabajó en concordancia.

Sus conceptos en las conferencias fueron destacados por varios medios internacionales. ¿Cómo sobrellevó el contacto con la prensa?

Nosotros tenemos claro que lo que le tenemos que dar a la prensa es información así que decidimos trabajar en régimen de conferencia de prensa. Y lo hicimos todos los días. Las veces que no las dimos es porque los periodistas allá en Kimberley no venían entonces suspendíamos la conferencia, algo que para mi era una gran noticia. Lo hicimos todas las veces porque quisimos dar una imagen dentro de la cancha y fuera también. Porque cuando uno se enfrenta a la prensa hay que mostrar la imagen del fútbol del país que queremos nosotros. Hay que dirigirse correctamente a la prensa, evacuar sus requerimientos, tratar con respeto y exigirlo, porque a veces no hubo reciprocidad.

Los jugadores también se mostraron accesibles siempre.

A veces, con el profe Herrera que siempre andamos pendiente de los horarios, vociferábamos con los jugadores porque nos teníamos que ir y no venían y nos calmábamos porque veíamos que estaban en la zona mixta atendiendo a la prensa. O sea que los futbolistas tuvieron la misma actitud, bien presentados, con el uniforme del equipo y atendiendo a todos. Eso habla de su profesionalidad de los más destacados y el jugador de turno que cumplía una buena actuación y era requerido. Es parte de la imagen que hay que dar y que se buscó dar. Porque siempre tuvimos claro que son parte de las actividades que hay que hacer en un Mundial y si bien lo más importante es lo que haga el equipo en la cancha esto es trascendente.

El cariño de la gente y la “cultura del bajón”

Recién vino una señora a regalarle un libro y a agradecerle, ¿es todo el tiempo así?

La verdad que desde la noche que llegamos las muestras de cariño superan todo lo previsto. Ese lunes había mucha gente en el aeropuerto y en las inmediaciones. Y en el complejo también. Desde allá nos decían que el pueblo estaba festejando y que las ciudades eran una fiesta pero lo que yo viví ese martes 13 de julio, fue demasiado fuerte, demasiado emocionante. Fue una fiesta. Desde ahí me empecé a preguntar y esto qué es.

¿Y qué es?

Creo entender que la gente se ha visto representada por este grupo de futbolistas, por la manera de comportarse, por la manera de jugar y por la manera de entregarse. Fue todo muy positivo. A mi me pone bien recibir una carta de un entrenador de baby fútbol que me cuenta que los chiquilines cambiaron las camisetas de los jugadores de otros países por la de Uruguay, o de un docente que me escribe que durante su juventud creció mirando al aeropuerto, porque creía que no había nada qué hacer en este país, y que ahora les habla a los hijos que sí hay cosas qué hacer. No es que todas estas cosas hayan nacido con la selección pero nos place que haya sido un disparador.

¿Con qué se consiguió esa relación?

Hay que ver que ninguna persona de menos de 40 años vio a Uruguay en un Mundial con una actuación que realmente lo reconfortara y que mereciera elogios desde otra parte del mundo. Y por eso fue la primera vez para una gran faja para la población de Uruguay. Otra cosa que paso fue cómo se involucraron las mujeres con esta selección. Cuando estaba allá, recibí una carta de una dramaturga uruguaya escribió una cosa que me quedó grabada: “ustedes con lo que dijeron e hicieron nos enseñaron a ver las cosas desde una vereda diferente a la de la derrota”.

Usted en las conferencias muchas veces frenaba muchas veces a los propios periodistas uruguayos que la FIFA y los jueces estaban ahí para perjudicar a la selección

Es parte de la cultura del bajón. Está bien analizar, y el arbitraje es parte del análisis del partido, pero muchas veces utilizamos eso para decir que somos perjudicados, que es porque somos chicos, porque somos pobres, que no le interesamos a nadie y eso es una forma de abrir el paraguas aunque después cuando perdíamos no era por eso. Je.

¿Y cómo se sale de esa cultura del bajón?

Creo que el camino es el que dijo un periodista de Brecha: respetar el pasado, enterrar el miedo y mirar para adelante. Eso implica muchas acciones, muchas planificaciones. Enterrar el miedo también tiene que ser matar el bajón y la calculadora. Nosotros seguimos con los mismos problemas organizativos, demográficos y siendo tercermundistas. Jugamos con selecciones que tienen más jugadores de fútbol que habitantes tiene Uruguay. Eso no nos descarta para competir con un margen de posibilidades ante países de primer nivel.

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