jueves, 4 de noviembre de 2010

Zerbino y su aporte a la selección uruguaya

Para los seguidores del fútbol sudamericano, el último año ha mostrado a dos selecciones uruguayas bien distintas. Por un lado, la que parecía resignada al fracaso a tres jornadas del final de las eliminatorias. Por el otro, la que dejó la piel en cada balón hasta quedarse con un meritorio y celebradísimo cuarto puesto en Sudáfrica.
Pues bien, el nombre de Gustavo Zerbino representa una de las claves para comenzar a entender el contrastante cambio de actitud de la Celeste. Hace 38 años, el uruguayo fue uno de los 16 sobrevivientes a la famosa e impactante tragedia aérea de Los Andes, donde murieron nada menos que 29 pasajeros. Hoy, quien preside la Unión de Rugby del Uruguay tiene el orgullo de ser el conferencista que ayudó anímicamente al equipo de Oscar Tabárez en su peor momento en la eliminatoria.
Soy íntimo amigo de Pablo Forlán hace muchos años, el papá de Diego, por lo que acepté con gusto la invitación de los jugadores para dialogar con ellos en un momento difícil”, cuenta Zerbino a FIFA.com. La situación era compleja: corría septiembre de 2009 y Uruguay acababa de caer inesperadamente en Perú. La clasificación, por ende, se volvía cuesta arriba…
Palabras que despiertan
La historia de Zerbino y sus compañeros es conocida y llegó a inspirar una película de fama mundial (“¡Viven!”, 1993). El 13 de octubre de 1972, el avión en que viajaba su equipo de rugby -Old Christians- hacia Chile sufrió un desperfecto y terminó estrellándose en la Cordillera de Los Andes. Allí, los sobrevivientes tuvieron que soportar 30° bajo cero, un alud de nieve y la peor de las noticias: por radio, escucharon a las autoridades informar que se suspendían las tareas de rescate. Pasaron 72 días y los peores tormentos hasta que dos de sus integrantes, Nando Parrado y Roberto Canessa, lograran cruzar la cordillera a pie y encontrar la salvación con un arriero chileno de la zona.
Me tomé de eso cuando me senté a hablar con los jugadores la primera vez. El ambiente no era el mejor, por lo que les dije la verdad”, revela. ¿Cuál era esa verdad? “Cuando le dije a mi entorno que venía me dijeron que estaba loco. Que ustedes son unos hijos de p…, que están muertos y ya no tienen chances de salir adelante. Bueno, lo mismo que escuché sobre mí cuando estaba en Los Andes. Que estaba muerto y vendrían a buscar mi cadáver en unos meses. Si me lo creía, estaba muerto. Tuve que comprometerme conmigo mismo, convencerme de que soy yo el que tiene que salir adelante. Cambiar la mentalidad, argumentó.
Su discurso, inapelable, fue directo al corazón del plantel. Horas más tarde, la Celeste se imponía 3-1 a Colombia en un encuentro emotivo para, un mes después, festejar un agónico 2-1 ante Ecuador en la altura de Quito. La solitaria caída ante Argentina, y la angustiante repesca frente a Costa Rica, terminaron por sellar en forma exitosa una remontada final impresionante.
“Hicieron lo que debían: tomar todo ese entorno para conectarse con el mecanismo interior que les permita salir adelante en la adversidad. Nadie los iba a salvar si no se salvaban ellos mismos. Y lo entendieron. En mi caso, recuerdo haber juntado cartas y pertenencias de mis compañeros fallecidos en la montaña para entregárselos a sus familias. Cuando me sentía que iba a caer, pensaba en eso y seguía adelante”, agrega Zerbino, quien repitió una nueva charla motivacional con el plantel la noche previa a la partida rumbo a Sudáfrica. “La tercera, por cábala, dijimos que la haríamos antes de jugar la final en Sudáfrica. No llegaron por poco”.
El ejemplo Forlán
A la hora de adjudicar responsablidades en el éxito final, este padre de seis hijos prefiere apuntar hacia otro lado. “Todo el mérito de la actuación del equipo es del Maestro Tabárez, un hombre humilde y trabajador, y de los jugadores. Ellos entendieron lo que implica representar a un país y lo sacaron adelante. Forlán fue un fiel representante de lo que dejó el grupo por la camiseta. Jugó lesionado, fue elegido el mejor del Mundial y resultó en primero en comprometerse”.
Los ejemplos de hombría y entrega sobraron en Sudáfrica: el trabajoso triunfo sobre la República de Corea, la resurrección impensada contra Ghana y la lucha incansable en las caídas ante Países Bajos y Alemania dan muestra de ello. “Fue otro equipo, de jugadores permeables y receptivos. Nunca se quejaron ni bajaron los brazos, al contrario. Dieron lo máximo que tenían de energía física, mental y espiritual. Por eso fueron recibidos como campeones del mundo”.
Zerbino, que también ha brindado charlas en las selecciones juveniles que clasificaron a sus respectivas Copas Mundiales en 2009, entre otros, no descarta ayudar en un futuro a otros combinados nacionales. “Me han llamado de otros equipos, pero en ese momento ya estaba comprometido. Soy uruguayo a muerte e incluso, pese a ser de Nacional, he trabajado para Peñarol. Tengo un sistema que funciona y sé cómo aplicarlo”. Y habrá que creerle: sin dudas, aportó su grano de arena para que Uruguay, el último equipo en clasificar a Sudáfrica 2010, haya sido el último americano en retornar a casa.
FUENTE: FIFA

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