sábado, 26 de febrero de 2011

Salta de alegría

Luis Suárez no la tuvo fácil para llegar a ser lo que es en la actualidad. Vino desde chico a la capital y hoy no se cansa de hacer goles. El hombre del momento.

Toda historia de ídolo tiene un comienzo y en muchos casos no es el ideal. Pero las cuestiones de la vida, la suerte y el talento ponen las cosas en su lugar. En enero de 1987 nació en Salto un pibe de grandes condiciones que años después sería noticia en todo el mundo, sobre todo el del planeta fútbol.

Su adoración por la guinda lo obligó a tomarse un bus muy chico y venirse a la capital para probar suerte y ver si podía romperla. Desparramó clase y goles por el Deportivo Artigas y Urreta Fútbol Club, hasta llegar a las juveniles de Nacional.

De ahí en más empezó una larga carrera de puro ascenso y éxitos. Goleador en las juveniles hasta cansarse, le llegó su turno en primera a los 18 años, donde debutó con la de bolso ante Junior de Barranquilla, por la Libertadores. De ahí en más, sólo demoró menos de 120 días en marcar su primer gol.

Pero antes que eso era abucheado y resistido porque marraba muchos goles, pero en esa temporada mojó 12 veces, casi nada. Por eso mismo y por sus altos rendimientos pasó al Groningen de Holanda y ahí empezó a mostrar su clase mundial el Salta. Se aburrió de hacer goles y por eso se lo llevó Ajax donde no sólo fue goleador, sino que también capitán.

La selección vino por lógica y por ende ayudó en las eliminatorias y ni que hablar en el Mundial donde fue uno de los jugadores más regulares en Sudáfrica. Meses después del Mundial siguió rompiéndola en Holanda y poco tardó otro salto, pasó a Liverpool de Inglaterra. Casi 27 millones de euros pagó el equipo de Anfield Road por Suárez, que ni había sido presentado y ya la había mandado a guardar ante Stoke.

Pero a Suárez no sólo la guinda le sonríe, sino que su vida sentimental también. Se casó con su novia Sofía y trajeron al mundo a Delfina, la última incorporación de Lucho Suárez. El Salta, Lucho, o simplemente Luis, un jugador que la sufrió desde chico y de grande. De Salto a Montevideo y del infierno al cielo con la mano mundial ante Ghana. Un delantero como pocos, que si no puede con la cabeza o los pies, la mete con la mano, sin importar que pase.

Quenonino

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