jueves, 14 de abril de 2011

En el camino de Forlán

Son historias poco comunes en el ambiente del fútbol. Juan Cruz Mascia fue convocado a jugar en la selección uruguaya cuando aún no integraba ningún equipo profesional. El juvenil goleador del Sudamericano sub 17 dice que lo descubrió su abuela y que no tiene apuro por irse al exterior. Es más: rechazó un contrato para jugar en Atlético Madrid. Y no solamente el vínculo con el conjunto colchonero lo asemeja con la historia de Diego Forlán.

Mascia ayer entró tarde a clase de Filosofía para atender a El Observador. Si bien los profesores y los alumnos ya se acostumbraron a la nueva figura del fútbol juvenil, a él no le gusta abusar. El año pasado ya estuvo complicado en el liceo, por las faltas por viajes, y debió dar varias materias libres. Salvó todo en diciembre. Actualmente cursa sexto economía en Stella Maris y seguirá la carrera de Administración de Empresas. 

Si te digo quién me descubrió no me vas a creer. ¡Fue mi abuela! Me vio jugando al fútbol con unos amigos cuando yo tenía cuatro años y parece que hice una jugada bárbara y ella quedó convencida de que iba a llegar. ¡No sabía ni lo que era una pelota en ese entonces! Pero ella siempre me dijo eso. Y ahora, me lo recalca a cada rato (risas)”. Más allá de las condiciones que le vio la abuela, hubo varios que se fijaron en Mascia desde muy pequeño. 

Uno fue Fabián Coito, actual entrenador de la selección sub 17. Y otro fue Miguel Moreira, el mismo entrenador de fútbol que tuvo Diego Forlán en el Lawn Tennis. El DT celeste lo vio jugando en el colegio y de inmediato habló con su entrenador para manifestarle el interés de llevarlo a entrenar con la selección sub 15 (que dirigía Coito en ese momento). Y Moreira se comunicó con Pablo Forlán para recomendarle que lo observara jugar. 

Hasta ese momento también jugaba al rugby, otro deporte que lo apasiona. También algunos equipos se habían interesado en él –Danubio, por ejemplo– pero Mascia jugaba simplemente por diversión junto a sus amigos del colegio. 

Forlán lo llevó a entrenar en Atlético Madrid. Cuando surgió la oferta de viajar a España, Mascia desistió de entrenar con la selección. Primero estuvo dos semanas en la capital española, donde quedó encantando. Volvió a Montevideo, rindió algunos exámenes y retornó a España durante enero y febrero de 2009. Cuando le ofrecieron firmar el contrato para quedarse a jugar en el conjunto colchonero, lo rechazó y volvió a Uruguay. 

Las primeras dos semanas viajé con mi madre. Me probé, iba a la casa de Diego (Forlán), estaba copado... ya ahí me quería quedar. Dije: ‘Esto está de más’, y no me quería ir más de ahí”, contó. Después volvió a viajar pero esos dos meses no fueron los que imaginaba y no quiso quedarse a pesar del contrato que le ofrecieron. “No quería estar viviendo solo en una residencia con 14 años”, explicó. Su tío y su madre intentaron que tomara la decisión adecuada y le dijeron que lo repensara. “No le hice caso a nadie y me volví”, cuenta orgulloso. 

COMIENZO DEL PROFESIONALISMO

Cuando volvió de España quedó claro que si quería seguir jugando al fútbol debería ser profesionalmente. Tras su regreso a Montevideo, Pablo Forlán lo llevó a probarse con la selección sub 17 (Coito ya lo conocía) y tras algunos entrenamientos quedó entre los convocados. Pero surgió un problema: para poder participar en el Sudamericano de la categoría, debía pertenecer a alguna institución. “Pablo me quiso llevar a Peñarol pero le dije que no de una. También se habían interesado Danubio y Defensor pero los horarios de entrenamiento no me servían para poder seguir en el colegio. Entonces opté por Miramar Misiones. Me servían los horarios y el lugar donde practican”, destacó.

Al principio no tuvo inconvenientes para cumplir con los horarios del fútbol y de los estudios. Sin embargo, ya el año pasado surgieron complicaciones por las giras de la selección y los horarios de Miramar Misiones: es que a fines de 2010 ya comenzó a entrenar con Primera y las prácticas son por la mañana. 

Algunas conversaciones que mantuvo con el director del Stella Maris y profesores hicieron que pudiera seguir adelante y que diera los exámenes a fin de año. “Este año no sé cómo voy a hacer”, adelantó. A diferencia de muchos, no se arrepiente de no haber arreglado su continuidad en España y considera que aún no está preparado para vivir solo en el exterior a sus 16 años. “Todavía no. Me quiero quedar acá por ahora y por lo menos poder terminar el colegio”.

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