sábado, 30 de julio de 2011

Como la primera vez

Si el 16 de julio es algo así como un feriado futbolístico, por el histórico Maracanazo de 1950, no menos importante es el 30 de julio de 1930. Sin el tinte hazañoso de 20 años después, la celeste doblegaba a otro país limítrofe en otra final del mundo.

Coronando el primer Mundial de la historia, celebrado en tres estadios de Montevideo desde el 13 al 30 de julio, la selección uruguaya capitaneada por José Nasazzi se alzaba con la Copa Jules Rimet al vencer 4-2 a Argentina.

Formaron por Uruguay aquella tarde Enrique Ballestrero; José Nasazzi y Ernesto Mascheroni; José Andrade, Lorenzo Fernández y Álvaro Gestido; Pablo Dorado, Héctor Scarone, Héctor Castro, Pedro Cea y Victoriano Santos Iriarte.

El entrenador era el profesor Alberto Suppici, y conformaron también aquel plantel Ángel Melogno, Carlos Riolfo, Conduelo Píriz, Domingo Tejera, Emilio Recoba, Juan Anselmo, Juan Carlos Calvo, Miguel Cappuccini, Pedro Petrone, Santos Urdinarán y Zoilo Saldombide.

El primer tiempo terminó con triunfo argentino. A pesar de que Pablo Dorado puso en ventaja a la celeste a los 12', Carlos Peucelle igualó ocho minutos más tarde y a los 37' facturó Guillermo Stábile, goleador del certamen con ocho conquistas.

La primera etapa se disputó con la pelota de los albicelestes, y el complemento con la de Uruguay. Así quedó determinado por el árbitro belga Jean Langenus mediante un sorteo, dado que ninguno de los capitanes (Nasazzi y Manuel Ferreira) quería jugar con el balón del rival.

En el segundo tiempo, atacando hacia el arco de la Tribuna Ámsterdam, el dueño de casa fue una ráfaga y dio vuelta el score para quedarse con la Copa y dar en territorio uruguayo esa vuelta olímpica que inventó seis años atrás en Colombes. Pedro Cea empató a los 12', Santos Iriarte colocó el tercero con un zurdazo a distancia a los 23', y el Manco Castro puso cifras definitivas al triunfo celeste con un cabezazo a los 89'.

Argentina se quejó del maltrato uruguayo y denunció que algunos de sus jugadores fueron amenazados. El visitante no aceptó la derrota y hasta rompió relaciones con la Asociación Uruguaya de Fútbol. El tema fue más allá porque se registraron hechos de violencia en perjuicio de la embajada uruguaya en Buenos Aires a raíz de este partido, por lo que la ruptura de relaciones llegó a la política.

Por cinco años no quisieron enfrentarse e incluso no se jugó la Copa América, porque las Asociaciones se negaban a compartir un torneo con el vecino del Plata, y estaba claro que sin los dos mejores combinados del continente no tendría ningún sentido verse las caras. Recién en el Sudamericano de Perú en 1935 volvieron a medirse, aunque no del todo convencidos.

Los peruanos organizaron un torneo para celebrar el cuarto centenario de la fundación de Lima, y por cortesía concurrieron uruguayos y argentinos, aunque se negaron a utilizar sus colores habituales debido a esa ruptura de relaciones que aun se mantenía.

Por si cabía alguna duda sobre quién era el mejor, y por su alguna lágrima de cinco años atrás seguía en la vuelta, la celeste vestida de roja venció a la blanca albiceleste 3-0 en la final, sin policía localista ni supuestas amenazas, y empezó a confirmar esa paternidad que hasta hoy mantiene sobre Argentina en finales.

Hoy, 81 años después, bien vale el recuerdo para los primeros campeones mundiales de la historia, que tomaron la posta de títulos internacionales que arrancaron sus antepasados en 1916, y continuaron esa costumbre que hasta la actualidad se mantiene, para que Uruguay sea el seleccionado afiliado a la FIFA con mayor cantidad de títulos oficiales ganados a nivel mayor.


Montevideo Portal

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