viernes, 22 de julio de 2011

Minguta les conoce todos los secretos

Edgardo Di Mayo (54) hace más de 30 años que vive en Montevideo. Dejó atrás su Florida natal y sus sueños de futbolista, cuando defendía los colores de La Vascongada. Llegó a la capital y empezó a trabajar en una textil, pero un amigo lo contactó con el Dr. Pedro Larroque, por aquel entonces jefe de la sanidad de River Plate. Llegó a los darseneros cuando estaba al frente del plantel Jorge Fossati y Juan Ramón ya pensaba en sus primeras armas como entrenador. Todavía no era el "JR" que todos conocemos. Y a partir de ahí dejó de ser Edgardo para llamarse "Minguta", apodo que le quedó desde esos primeros pasos en el mundo del fútbol. Serio, responsable, callado, de perfil bajo, se fue haciendo conocer y ganándose el cariño de los futbolistas y los entrenadores de turno. "Tuve suerte", dice con timidez cuando empieza la charla en la cafetería del hotel.

"Uhhh... ya llevo 17 años en esto y pasé por todo, momentos buenos y de los otros, pero me quedo con los más lindos", dice. Y ahí empieza a recorrer años y fechas. "Uno de esos momentos fue el Mundial Sub 20 de Malasia... de lo mejor que me tocó vivir en el `97. ¡Qué cuadrazo! Fue una injusticia perder aquella final con Argentina", recuerda.

Desde que llegó a las selecciones no se fue más. Pasaron entrenadores, cuerpos técnicos de todo tipo y color, pero "Minguta" siguió al firme cumpliendo con su tarea. "Hasta el 2006 estuve sólo en juveniles, a partir del 2008 ya pasé a trabajar con la selección mayor y fue otra cosa, muy diferente, otras exigencias, no es lo mismo", aclara. Y cuenta por qué: "Venía de una racha bárbara con los juveniles, con las selecciones de Malasia, de Nigeria y de Nueva Zelanda, todas con generaciones de grandes jugadores y estaba bien, contento, porque se habían logrado buenas campañas, pero lo que viví el año pasado en el Mundial de Sudáfrica pahhh... fue una experiencia inolvidable, realmente".

"Minguta" cuenta que sus hijos Paola (28) y Pablo (29) le hacen miles de preguntas, igual que Milka, su mujer. Es que no se da cuenta que está en un lugar privilegiado, conviviendo todos los días con los ídolos, con los cracks que la afición venera. "Pero para mí es lo más normal del mundo, son todos buenos compañeros, muy unidos, este es un grupo de amigos, un grupo bárbaro, todos tiran para el mismo lado, no hay caras largas", afirma. Y quién mejor que él para decirlo, que convive con ellos horas y días, semanas y meses. "Nunca me había tocado vivir algo así. Lo del Mundial primero y ahora esta final del domingo por la Copa América... increíble".

"Tienen hasta 12 pares de zapatos"

"Minguta" no sólo disfruta, trabaja todo el día. Llegó de La Plata a las 3 de la mañana y a las 6 ya estaba arriba, aprontando la ropa para los trabajos del plantel. Va a los partidos cuatro horas antes del inicio "porque si me olvido de algo puedo pedir que me lo traigan. Me ha pasado, por eso siempre salgo bien temprano, por las dudas", asegura. Lleva de todo, claro. No sólo las bolsas con los equipos, los shorts, las medias y las camisetas (dos juegos de cada cosa) sino también los zapatos de fútbol. "Y... hay un montón. Algunos tienen hasta 12 pares de zapatos y piden que se los lleve. No saben cuál van a elegir y si justo no llevo ese par se arma lío (se ríe)". En ese selecto grupo de jugadores están Juan Castillo, Abel Hernández y el Nico Lodeiro, todos prueban y eligen a último momento. Pero los demás no se quedan atrás. "Ninguno lleva menos de seis pares", agrega.

Cuenta que algunos jugadores tienen lugares especiales. "Abreu y Forlán piden los extremos. Abreu porque coloca la Virgen en un costado y Forlán porque no le gusta estar en el medio", dice. También hay cábalas, por supuesto. Revela que el "Loco" utiliza la misma sunga celeste en todos los partidos".

Ovación digital

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