lunes, 18 de julio de 2011

Uruguay, el Pueblo del más allá

Hay algo mayor que la inmensa garra charrúa para intentar explicar lo que hice Uruguay contra Argentina.

Hay algo más grande que el corazón y liderazgo de front de guerra de Lugano.
Hay algo mayor que la valentía y entrega de sus compañeros defensores: como explicar que cualquier uno que entre en este sector juegue con la misma eficácia, como hice ese enorme Scoti ayer?

Hay algo más allá de la bravura, sangre, fortaleza mental y genuíno amor a la Pátria en eses jugadores (algo tan raro en otras selecciones y sus estrellas que no dejan la vida por una camiseta y pueblo).

Hay algo más profundo que la multiplicación de Arévalo, con su voluntad-poder de asfixiar los más talentosos jugadores adversários, de quién aún les roba la pelota con lealtad.
Hay algo más que los pulmones de los Pereiras y la claridad que consiguen sacar mismo en las zonas más peligrosas de su campo.

Hay algo más que esa técnica de artesano al pegar la pelota con arte, fuerza y pasión; y la humildad de una estrella que corre y juega por todos, Forlán.

Hay algo más que las gambetas, velocidad y las invenciones de espacios donde parecen no existir, del mago indomable, Luisito Suárez, que juega como un niño libre de los potreros.

Ese algo más que puede ser traducido, talvez, en lo heróe más determinante, Muslera. Más que su elasticidad, vuelos y atrapadas espectaculares, más que su seguranza y confianza que presentó ayer, Muslera reveló, en uno de sus milagros, el secreto de Uruguay: ocurrió en aquella pelota que explotó en su rostro. Allí, en su coraje, entrega y cuerpo desnudo (sólo un arquero-hombre sin miedo no esconde la face frente el ataque del inimigo) desnudóse la pureza del héroe, la pureza de su selección: ese Uruguay de tantos heróes es puro como aquel más allá que nos hace sermos mayores que simples cuerpos y corazones.

Un más allá llamado alma.
Hablase mucho de alma. Es algo invisible, intocable. No en ese selecionado donde podemor ver el alma en muchos gestos y acciones de sus jogadores. No en eses jogadores que ponen todo en cada jugada. No en eses hombres que transcienden el próprio concepto, origen y sentido de la garra charrúa.

La garra de Muslera, Lugano, Cáceres, Arévalo, Forlán, Suárez y cada uno de sus compañeros (realmente compañeros, que se quieren, que ayudan) es alma.

Alma blanca, pura, como la de los niños uruguayos cada vez más apasionados por un balón, un campito y ese deporte (sí, mucho más...) que eses hombres formidables de la Celeste están transformando en uno de los productos más valiosos, de nuevo, de Uruguay.

Producto? Que lástima, mis amigos, perdónanme por utilizar una palabra tan materialista, tan distinta de eses Hombres (mucho más que jugadores) que hacen todo, menos vender algo.
Los uruguayos no venden fútbol, ellos dan, oferecen, entregánse, ponen sus vidas en las partidas en que llevan el manto de la Pátria (sí, más que eso, el manto del Pueblo).
Con Alma.

Es por eso que mi Papá, maestro jubilado y poeta, casi 80 años, no si fue a dormir como de costumbre, temprano en la noche, ayer. “Su Papá no fue dormir aún?”, extranó mi Mamá. El viejo, que hace muchos años no se interesa mucho en ver su Brasil jugar (siente falta de amor verdadero en los canarinhos) contestó listo. “Por supuesto que no, hoy juega Uruguay”.

Para un poeta y maestro como mi padre, en un mundo cada vez más distante de la poesía, de los buenos valores y del amor verdadero, ver Lugano, Forlán y cia. es como vuelver a creer que sí, la poesía aún vive.
La poesía, que necesita, siempre, del amor y del alma. De otra forma, no es poesía.

Amor y alma. La Celeste. Ayer de Blanco, como los sueños y actitudes de los niños y hombres buenos.

Como la postura, las creencias y la dignidad de ese Maestro del fútbol y de la vida, Óscar Tabárez.
Como el alma de ese país pequeño pero tan apasionado, luchador y caloroso.
Gracias, de nuevo, por su juego épico, Celeste Blanca.

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