domingo, 27 de octubre de 2013

Kevin Méndez, un largo camino

Los 190 kilómetros que separan Trinidad de Montevideo son una distancia considerable para un muchacho de 13 años que dejó la localidad del Departamento uruguayo de Flores para vivir en la capital del país sin la compañía de sus familiares.

¿Qué decir entonces de un viaje a Ras Al Khaimah, en el norte de Emiratos Árabes Unidos, con ocasión de una Copa Mundial Sub-17 de la FIFA? Para Kevin Méndez, una aventura así, a miles de kilómetros de su casa, resulta todavía más increíble si se recuerda a sí mismo cuatro años atrás.

“Nunca imaginé algo así. Estar hoy aquí, en medio de todo esto... Aún no me lo creo”, declara el centrocampista a FIFA.com. “Esto es un Mundial. Defendemos los colores de Uruguay y sabemos que todo es posible”, agrega.

El fútbol como remedio contra la nostalgia
Cualquier esfuerzo merece la pena por el fútbol, especialmente cuando te llama el Peñarol de Montevideo. Si el que recibe la llamada es un aspirante a convertirse en estrella, lo que le toca por muy joven que sea es hacer las maletas y embarcarse en la aventura, aunque eso suponga alejarse de todo aquello que forma parte de su vida cotidiana. Sin embargo, despedirse de los que le han acompañado desde sus inicios puede resultar un trago complicado.

“Está claro que fue una experiencia dura. Para ir a Montevideo tuve que dejarlo todo: mis padres, mi hermano y gente muy querida. El primer año fue muy complicado, por todo lo que un chico de 13 años, que echa de menos el afecto de los suyos, tiene que pasar”, recuerda Méndez. La joven promesa uruguaya habla como si ya tuviese toda una carrera tras de sí, aunque no se puede subestimar lo mucho que representan cuatro años en la vida de un adolescente. “Sin embargo, con el tiempo me fui adaptando. Hoy los sigo echando de menos, pero aprendes a vivir con ello. Me limito a intentar jugar al fútbol lo mejor posible y a esperar que ellos también estén bien”, continúa.

En los momentos difíciles, lo mejor fue centrarse en el balón y tratar de paliar sobre el terreno de juego cualquier frustración que pudiese surgir lejos de él. “El fútbol ayuda mucho. Absorbe tu atención, cubre un poco ese vacío y te hace olvidar la nostalgia”, explica el internacional uruguayo.

Entonces llega un momento en el que el jugador, en este caso Kevin, encuentra una nueva familia en los chicos con los que vive y progresa en el fútbol. En la selección uruguaya sub-17 hay otros cuatro futbolistas del Peñarol: el portero Thiago Cardozo, los defensas Fabrizio Buschiazzo y Darwin Ávila y el delantero Gonzalo Latorre. Juntos, todos ellos forman una hornada de jugadores con hambre de títulos.

El Mundial, un sueño
Lógicamente, el combinado uruguayo que se medirá a Eslovaquia en los octavos de final de la cita emiratí no cuenta únicamente con lo más granado de la cantera del Peñarol. La escuadra celeste dispone además de las jóvenes promesas del Nacional de Montevideo y de otros clubes, que en conjunto forman una generación con mucha proyección y un gran talento ofensivo.

El seleccionador uruguayo, Fabián Coito, que en el Campeonato Sudamericano de la categoría tuvo que depender en gran medida de los goles del delantero Franco Acosta, cuenta ahora con muchas opciones en ataque, como comprobó dolorosamente en la primera jornada Nueva Zelanda, que cayó por un rotundo 7-0 frente al conjunto celeste. “Para el equipo es importante tener a muchos futbolistas que puedan marcar en vez de depender de un único goleador, aunque hay que decir que Franco estuvo magnífico en el Sudamericano. Ahora marcan centrocampistas, mediocentros y jugadores de otras posiciones, lo cual resulta muy positivo”, explica.

En medio de ese arsenal tan variado, Kevin Méndez se encuentra más liberado y no se ve obligado a mostrar en todo momento el fútbol que, según dicen en Europa, ha llamado ya la atención de clubes como Barcelona o Milan. “Son sólo rumores, no hay nada concreto. Está claro que suscitar el interés de clubes tan grandes sería algo muy positivo que podría resultar bueno para mí y para mi familia, pero por ahora no hay nada concreto y estoy centrado exclusivamente en el Mundial y en la selección”, advierte.

En la victoria frente a Nueva Zelanda, Méndez demostró que efectivamente sólo piensa en la cita mundialista marcando a los 3 minutos de partido el primer gol de la competición. “Sirvió para abrir la lata y para dar más tranquilidad a un equipo que sabe lo que significa la responsabilidad de representar a Uruguay en un certamen como este”, asegura.

En el caso del centrocampista uruguayo, la lata ya se abrió hace mucho tiempo, cuando salió de casa. Ahora está por ver hasta dónde pueden llegar él y su selección. “Las perspectivas son buenas. Tenemos que intentar dar lo mejor de nosotros para tratar de ser campeones del mundo. Nunca imaginé que tendría la oportunidad de estar aquí, aunque cuando eres niño siempre tienes sueños. Ahora, con fuerza y sacrificio, puedo luchar por el Mundial”, concluye.

FIFA

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