martes, 19 de noviembre de 2013

Forlán y el Mundial, una relación natural

La familia de Diego Forlán ha establecido una especie de dinastía futbolística con su trayectoria en la selección uruguaya. Al analizar las carreras de su abuelo, Juan Carlos Corazzo, y su padre, Pablo Forlán, que se distinguieron en las filas de la Celeste, podría pensarse que Diego acusaría el hecho de cargar con el peso de una responsabilidad histórica...

Peo no es así. Representando a un país de proporciones geográficas pequeñas en comparación con Brasil y Argentina, sus vecinos y rivales futbolísticos, Forlán escribió una nueva página gloriosa de la historia del deporte rey uruguayo al ser elegido mejor jugador de la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010™. ¿Cuál es su secreto? El compromiso y el respeto por la tradición uruguaya, valores que le fueron inculcados desde la cuna.

Al actuar en el triunfo por 5-0 sobre Jordania en la eliminatoria de repesca intercontinental de la semana pasada, Forlán ayudó a los suyos a poner un pie en su 12ª cita mundialista. Y para él Brasil 2014 tendría una significación más especial si cabe: supondría la ocasión de defender el Balón de Oro adidas que ganó en 2010, y además en el país en el que juega actualmente, con el Inter de Porto Alegre, y donde su padre compitió durante años.

En vísperas del choque ante los jordanos, Forlán habla con FIFA.com de sus recuerdos del Mundial, sobre todo de la edición de 2010.

Su familia tiene una trayectoria destacada en el fútbol, comenzó en su abuelo y ha llegado hasta usted. ¿Cómo ve esa herencia? Como hijo, siempre ha estado muy bien saber que mi padre era reconocido. Siempre que iba con él, la gente decía: ¡Mira, el hijo de Forlán!”. Yo estaba orgulloso de eso. Formo parte de una familia que desde hace tres generaciones es campeona de Sudamérica con Uruguay. No creo que haya otra así en el mundo. Es algo que ha pasado a la historia, una tradición que me ha sido transmitida. Yo aún no tengo un hijo, pero se lo contaré cuando lo tenga. Es sensacional experimentar esto. Así es como yo lo veo. Y así es como lo verá también mi padre. Creo que le hará muy feliz.

La tradición es, a todas luces, un aspecto al que usted da mucha importancia en su trayectoria personal y profesional, ¿no es así?
Sí. Un ejemplo fue en el Mundial de 2010, en Sudáfrica, cuando jugamos contra los anfitriones. Estábamos utilizando la camiseta roja como segundo uniforme, pero el rojo no está en los colores de Uruguay… Decían que era porque con otros uniformes no ganábamos, pero, al pensarlo, me di cuenta de que el problema no era el color, porque no ganábamos ni con el azul, ni con el blanco, ni con el rojo. Además, el rojo no representaba a Uruguay. Entonces fui a hablar con el utillero, que lleva tiempo con nosotros. Le pregunté por qué razón jugábamos con el rojo, y si podíamos cambiar al blanco, que es uno de los colores de nuestra bandera. Él estuvo de acuerdo y me pidió que hablase con Lugano [el capitán], con el entrenador y con los directivos. Y hablé con ellos. Todos estuvieron de acuerdo, y volvimos a cambiar al blanco. En el primer partido con ese color, ya ganamos 3-0. Además, es más bonito, y a la gente le gustó. Se convirtió en un éxito de ventas.

Uruguay volvió a pasar apuros en la competición preliminar de Brasil 2014, y ha tenido que ir a la repesca. ¿Cómo logra recuperarse un equipo que atraviesa momentos difíciles en la fase previa, como hicieron ustedes en 2010, para luego alcanzar las semifinales?
Para nosotros, los uruguayos, las eliminatorias son siempre muy complicadas. Todos los partidos son difíciles, y nosotros siempre queremos ir al Mundial. Para el uruguayo eso es una verdad absoluta. El fútbol significa mucho para Uruguay, y quedarse fuera del torneo de 2006, el de Alemania, fue muy doloroso. En 2010 jugamos el repechaje contra Costa Rica. Cuando conseguimos el boleto, sentimos que habíamos terminado un trabajo, el empezado después de la eliminación en la fase previa del Mundial de 2006, y que íbamos a aprovechar el Mundial.

Y usted aprovechó tanto la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010 que fue elegido Balón de Oro, un premio que, por mencionar solo a los sudamericanos, han ganado jugadores como Ronaldo, Romário, Maradona...
¡Me parece increíble! Así se pasa a la historia. Ver mi nombre al lado del de estos jugadores es increíble, de verdad. A veces no doy crédito. Aquel año yo estaba muy bien. Me había entrenado mucho, y también trabajé con un entrenador personal de manera continuada. En vísperas del Mundial jugué la final de la Copa del Rey con el Atlético de Madrid, contra el Sevilla, y la perdimos. También tuvimos la Copa de la UEFA, contra el Fulham, y ganamos. Todo eso me ayudó a llegar bien al Mundial. Y se sumó a estar en un grupo de jugadores que llevaban trabajando juntos desde la Copa América de 2007.

En la campaña en la que Uruguay llegó a semifinales, usted presenció allí mismo uno de los lances más inusitados y emocionantes del torneo: la mano de Luis Suárez ante Ghana. ¿Dónde estaba usted en aquel momento, y qué le pasó por la cabeza?
Yo estaba en el mediocampo. Recuerdo que era una falta desde un lado del área. Cuando centraron, el balón empezó a dar botes de un lado a otro. Yo solo pensaba que alguien tenía que sacarlo de allá lo más rápido posible. Al mismo tiempo, el balón seguía yendo de un lado a otro dentro del área. Hasta que… ¡bum! ¡Mano de Suárez! Me quedé parado en el medio. En el mismo sitio en el que estaba. Era un penal para Ghana en el último minuto de la prórroga. A decir verdad, ya estaba pensando en el avión que tomaríamos para volver a casa. En ese momento no podía pensar en otra cosa. Cuando lanzaron el penal y el balón dio en el travesaño y no entró, noté una sensación en el estómago. ¡Fue increíble!

¿Fue suerte? ¿O también una cuestión de habilidad?
Uruguay no es una selección que tenga mucha suerte. Aquí tenemos que jugar muy bien para poder alcanzar nuestros objetivos. No somos como Brasil, por ejemplo, que juega muy bien, pero a la que también le acompaña mucho la suerte. Bueno, quiero aclarar que no me refiero a que Brasil gane por suerte. ¡No! Brasil tiene jugadores fantásticos, y una grandísima tradición futbolística. Nosotros, para ganar a Brasil, por ejemplo, tenemos que jugar al 200%. Cuando jugamos al 70% de nuestro potencial ante los brasileros es imposible ganarles.

FIFA

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