martes, 1 de julio de 2014

Así fue el vuelo de retorno

"¿Y papá? ¿Dónde está papá?”, pregunta Thiago, uno de los hijos de Diego Lugano. El pequeño había pasado un rato distraído jugando con su madre, pero de pronto se percató de que su padre no había subido al avión.

La familia. Ese es el recuerdo primario para el futbolista. El del apoyo en los primeros pasos, la mano protectora que lo llevaba a la práctica o la que se sacrificó para ganar el peso que permitió llegar a aquellos primeros entrenamientos. Cuando todo era un sueño.

La familia. La que está en los días de lluvia para acompañar. La que sabe de alegrías y sabe interpretar momentos de silencio. Eso es cuando la derrota duele y hay que estar al lado simplemente acompañando el momento.

La familia. Que en un mundial se sacrifica y recorre kilómetros para que papá pueda ver y estar solo un ratito en contacto con los hijos. La familia fue la que curó las heridas.

El dolor de salir del mundial, la bronca por la eliminación y el final de un proceso fue todo digerido en la intimidad del plantel.

Pero ahora hay que volver a empezar y en el avión estaban los seres más queridos para que los jugadores encontraran el bálsamo para olvidar.

El vuelo chárter que trajo de regreso a la selección desde Río de Janeiro a Montevideo fue el punto que marcó un antes y un después para los jugadores de Tabárez.

El ambiento bien familiar fue respetado por todos los viajeros ajenos al plantel que regresaron al país con la delegación.

Sin algarabías. Pero también sin tensiones. Simplemente un clima íntimo donde los jugadores se resguardaron con sus afectos para olvidar ese tropezón ante Colombia que los sacó del mundial.

Después que Thiago preguntó otra vez preocupado por su papá porque no lo veía subir Lugano apareció en el avión. Y él junto a sus dos hermanos pidieron de inmediato para ir con el padre.

“Pará que me acomode en el fondo y vengo”, dijo el zaguero a Thiago. A los pocos minutos Nico, el mayor, se paró y dijo subiéndose a la movida iniciada por Thiago: “Ah, yo me voy con papá”. Y desde unas hileras más atrás se escuchó la voz del capitán diciendo: “Dale, vengan que hay lugar”. Y toda la familia se fue a acompañarlo, incluida su esposa.

Lentamente comenzaron a pasar los jugadores para el fondo del avión.

Diego Forlán se encontró apenas subió con su señora Paz y su hermana Alejandra a las que saludó con un beso para seguir rumbo a la parte trasera del avión.

Enseguida aparecieron Martín Silva, Rodrigo Muñoz, Cristhian Stuani, el Cebolla Rodríguez y el Ruso Pérez. Todos saludando amablemente a los pasajeros del vuelo.

En eso, Josema Giménez se encuentra con su sobrino y enloquece de alegría. El defensa se sienta, juega con el bebe que ya anda en sus primeros pasos y al rato le avisa a su madre: “Mama, mirá que van los gurises a comer un asado a casa. Van los de siempre”. La mamá le sugiere comprar todo de pasada y pregunta: “¿Completo?” a lo que el zaguero de Atlético de Madrid responde: “No, asado y unos chorizos para picar antes”•

En eso, por el pasillo del avión aparece el hijo del Mota Gargano correteando. Antes de partir una de las azafatas pasa ida y vuelta con un aerosol desinfectante que genera la reacción de los jugadores, algunos de los cuales comenzaron a toser. Y desde algún sector del avión se escuchó una voz que gritó: “¡Pah!,¿qué era eso?”.

Con el vuelo en marcha, a falta de 15 minutos para la hora 18 sirven la merienda. Y mientras Lugano dormía, Gargano aprovechaba para charlar con su esposa Miska, la hermana del eslovaco Marek Hamsik, jugador de Napoli.

Al fondo se arma la rueda de mate con algunos dirigentes. El neutral Ignacio Alonso ceba y le pasa el amargo a Jorge Barrera.

A las dos horas de viaje, los jugadores se empiezan a parar y a caminar por la aeronave. Forlán viene a la parte delantera a compartir un largo rato con sus seres queridos. El Cebolla, mientras tanto, se saca la ropa oficial de camisa y corbata y pide una remera de la selección.

En eso, viene Godín para el baño y se encuentra con su eterno compañero de zaga, Lugano que se paraba para preparar el mate tras su siesta. Godín saluda a la señora del capitán y le tira chistes a uno de los hijos por un videojuego: “Mirá que yo juego a eso y te gano”. Muy cerca de ellos, Josema Giménez llevaba más de una hora compartiendo una película con su novia en una computadora.

Cuando el avión aterrizó entró en funciones el jefe de seguridad Miguel Zuluaga y Lugano dijo: “Cuidado que se paró el capitán”. Al rato viene Zuluaga, llama a Lugano y le dice: “Venga capitán, acompáñeme al fondo que tengo que hablar con usted”. Lugano y Zuluaga van a donde se encontraba Tabárez y se inicia el diálogo del cual también participa Forlán. Lugano dispara: “¿Por dónde salimos? Porque hay mucha gente afuera”. Y Tabárez no lo duda y responde: “Yo salgo por el frente” a lo que Lugano agrega: “Nos vamos todos para el Complejo”.

A la salida del avión, el presidente José Mujica y su esposa Lucía Topolanski saludaron uno por uno a los jugadores y a todos los integrantes de la delegación: “Bien, vamo’ arriba botija”, le dijo al Pelado Cáceres mientras lo abrazaba.

La selección ya está en Montevideo. El sueño terminó. La herida aún está abierta. Pero la familia ya la empezó a curar en el vuelo del retorno.

El Observador

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