lunes, 15 de febrero de 2016

Herrera: "La Selección tiene un grupo que es excepcional"

Es imposible descubrir en el living de José Herrera (60) su profesión. Hay recuerdos de viajes, un televisor, cuadros y muchas fotos familiares. Una habitación del fondo sí guarda las memorias de su carrera, pero eso se debe a su esposa. Quien entre allí descubrirá que es un hombre de fútbol desde hace muchos años, que fue campeón de América con Peñarol, campeón argentino con Boca y que lleva diez años en la Selección uruguaya, con otro título de América y dos campañas mundialistas.



La Celeste de hoy es tan Oscar Tabárez como Herrera, aunque el perfil bajo del preparador físico determina que quienes no son muy futboleros tal vez no reconozcan su rostro y menos todavía su voz. Sus amigos de siempre aseguran que su pasión siguen siendo los campamentos en los montes del río Negro, donde pesca y conversa largamente.

"El perfil bajo tiene que ser una característica del colaborador. La cara visible de la Selección es el entrenador. Y por una cuestión personal, uno tiene sus características, y también es el perfil bajo", explica.

Herrera es de Paso de los Toros y lleva más de 40 años en Montevideo, aunque siempre que puede regresa a su pueblo, donde tiene familia y están enterrados sus padres. Se vino adolescente para estudiar el profesorado de Educación Física, "siempre con la idea de volver para trabajar allá, pero me fui quedando", recuerda. En Paso de los Toros jugaba al fútbol e incluso en el período que estudiaba, se iba a jugar los fines de semanas por Oriental o Belgrano. "Me pagaban los pasajes y me servía para mantener el vínculo familiar. Era volante, más corredor que creador", cuenta.

El fútbol
Sus primeros días como profesor los pasó dando clases en la Asociación Cristiana de Jóvenes y a fin de año se iba a entrenar a la selección de Paso de los Toros. Un día llegó al fútbol profesional a través de Bella Vista. "Justo Tabárez se había hecho cargo de la dirección de las inferiores, necesitaba un preparador físico y me recomendó el profesor Jorge Paz, que en ese momento entrenaba la primera del club junto con Miguel Basílico. De inmediato hubo una afinidad con Tabárez en cuanto al trabajo y al tipo de conducción que había que realizar. Y prácticamente seguimos juntos desde entonces", relata. El único paréntesis fue el Mundial de 1990, cuando el Maestro fue llamado para trabajar con el profesor Esteban Gesto. Pero antes y después formaron la dupla, que pasó por Danubio, Wanderers, Peñarol, Deportivo Cali, Boca Juniors dos veces, Cagliari, Oviedo, Milan, Vélez Sársfield y, desde hace 10 años, la Selección uruguaya.

"En el período previo a tomar la Selección pasé un tiempo sin trabajo. Después estuve con Gustavo Matosas en Rampla Juniors y Danubio, mientras Tabárez se dedicó a armar un proyecto para la posibilidad de dirigir la Selección. En Rampla me di cuenta que el nivel medio del fútbol uruguayo es bueno. No estarán los supercracks de otras partes, pero la media desde el punto de vista técnico es buena. Hicimos una muy buena campaña con Rampla, un club con muchas carencias. Otra conclusión: el fútbol local es muy parejo. Con un equipo organizado, trabajado y con un grupo integrado se pueden hacer buenas campañas pese a las diferencias que pueden marcarse con los grandes".

—Usted entrenó desde las superestrellas del Milan a los futbolistas de Rampla. ¿eso cambió algo su trabajo?
—Cambia la infraestructura que uno dispone para entrenar, pero he llegado a la conclusión que las características del jugador no cambian, del multimillonario del Milan al más humilde de Rampla. Lo esencial es igual: aman el deporte, quieren ganar, sufren los resultados o si no juegan. La diferencia está en lo que gana uno y lo que gana el otro. Al futbolista hay que serle honesto, hay que respetarlo y así uno logra resultados.

El ritmo
Herrera no advierte diferencias sustanciales en la preparación física entre Europa y Uruguay. Asegura que la globalización de la información determina que se trabaje en todos lados en forma similar. Pero advierte que los equipos uruguayos "juegan muy poco en cantidad".

"Hay períodos muy largos de pretemporada y se compite poco. Y el jugador tiene que competir. Por lo menos 50 partidos durante el año. Y los de alto nivel son menos todavía. Los partidos que hacen crecer al futbolista son los internacionales o cuando los grandes se enfrentan entre ellos. Y hay muchos jugadores que solo se exigen cuando les toca jugar a determinado nivel", sostiene.

"El fútbol internacional demanda otra intensidad, otro ritmo, otra dinámica. Y cada vez será más intenso, sin dudas. Hay dos características que tiene el futbolista profesional moderno: la carrera de alta intensidad y la velocidad. Ya no se considera un jugador de alto nivel lento, por más buen jugador que sea. Y esa condición la usamos en la Selección: que sea resistente a la alta exigencia y que sea rápido. El jugador alto, pachorriento y metedor como en algún momento se estilaba aquí, hoy es impensable: en el medio la ve pasar", agrega.

Emociones
La televisión muestra las reacciones del director técnico durante los partidos: sus gestos, sus gritos, hasta su eventual mutismo. Pero el preparador físico queda fuera de la lente. Herrera mira el primer tiempo en el banco y el segundo desde un costado de la cancha, en el precalentamiento de los suplentes. Si hay un gol lo grita, se abraza con sus suplentes. No pierde detalle, porque considera que tanto él como los jugadores que puedan ingresar deben saber cómo va todo. "Tienen que estar metidos en el partido incluso antes de entrar a jugarlo", dice.

Su tarea es mucho más que hacer correr a los jugadores. Hay un seguimiento constante de cada integrante del seleccionado en su club a través de Internet o el teléfono. Y mantiene una base de datos con la información que aportan dos empresas, Kinzaro y AZsportech, que miden mediante programas especiales las prestaciones de los futbolistas. Esta última, de origen argentino, le permite seguir las carreras de alta intensidad en cada partido. En el entretiempo, por ejemplo, pueden revelarle si un futbolista corrió en su promedio, si lo hizo por encima o por abajo. "Si el perfil de un determinado jugador son 2.000 metros por partido en carreras de alta intensidad, en el primer tiempo, teóricamente, debería estar en mil. Pero si tenemos el dato en el entretiempo que ese jugador lleva quemados 1.500 metros, también en forma teórica le queda poco para el segundo tiempo. Lo tengo que saber yo y también el entrenador. Es un dato más, pero puede servir para decidir un cambio", explica.

—Muchas veces, el preparador físico es el sargento de un equipo. ¿Es su caso?
—No. Quizás uno esté a cargo de la disciplina en general, el cumplimiento de los horarios, pero nada más. Por suerte he tenido una muy buena relación con los jugadores, fundamentalmente de respeto, que es la base de cualquier relación laboral. Queremos favorecer la convivencia, el buen relacionamiento, porque si lo tiene se va a sentir más respaldado cuando le toque entrar a la arena. Es difícil hacer congeniar jugadores en cualquier equipo, porque cada uno viene con sus expectativas, todos quieren jugar.

—¿Y qué pasa en la Selección?
—En la Selección tenemos un grupo excepcional y no es mérito nuestro, es mérito de los jugadores. Las condiciones personales son importantes para ser integrante de la Selección pero la forma de convivir y trabajar se va transmitiendo hacia los nuevos que llegan. Los jugadores mayores se han encargado de transmitir determinados valores de relacionamiento que a nosotros nos hacen más fácil el trabajo. Hay que sentirse importante dentro del grupo y los jugadores han hecho ese trabajo de hacerlos sentirse importantes jueguen o no, entrenar con todo y dar el apoyo a los titulares.

En ese sentido, destacó el afecto y el compañerismo con el cual se saludan los jugadores cuando se reencuentran: "Es algo que se debe mantener. Es la base de que seamos un grupo, un puño dentro de la cancha, y que Uruguay sea difícil para cualquier rival".

Primer día de clases
En mayo se cumplirán diez años de la segunda era Tabárez (y la primera de Herrera) al frente de la Selección. Todo empezó con un amistoso ante Irlanda del Norte en Nueva Jersey —ganado con un gol de Fabián Estoyanoff—, quizás olvidado por muchos pero no por el preparador físico, que incluso tiene presente la charla del Maestro. "Fue importantísima esa gira por Estados Unidos porque una de las primeras cosas que Washington les dijo a los jugadores fue que a la Selección había que ir con una mentalidad de adhesión. Y que probablemente no tuvieran satisfacciones, porque íbamos a ser criticados. Había que sacrificarse para ir a donde fuera", dice.

Después, "se fueron dando los resultados" y la Celeste volvió a ser valorada, aunque reconoce que "hubo momentos duros".

La Copa América de Venezuela en 2007 resultó muy complicada. Durante las eliminatorias para Sudáfrica 2010 o Brasil 2014 los cargos del cuerpo técnico estuvieron en riesgo, admite. "De aquel partido en Lima con Perú, prácticamente nos volvimos eliminados. Y si en 2013 no ganábamos en Venezuela, estábamos afuera. Pero en los peores momentos la Selección dio la cara, mostró que tenía recursos que le permitieron salir", dice.

SUS COSAS
Una ciudad
Le encanta Milán. "Vivía cerca del Duomo. Me gustaba llegar por esas callecitas y ver aparecer de pronto esa iglesia que impresiona", dice Herrera. También guarda muy buen recuerdo de Oviedo —"muy moderna y limpia"— y Cagliari, por su clima y sus playas.

Los viajes
Ya no se acuerda la cantidad de pasaportes que gastó, sobre todo en estos diez años con la Selección, desde Japón hasta Estonia, de Egipto a Indonesia. De esos viajes tiene muchas anécdotas. Una vez tuvieron que embarcar a las corridas en Londres y "perdieron" al utilero "Minguta" (Edgardo Di Mayo), que quedó varado unas horas.

Una emoción
"El Mundial de Sudáfrica nos dio emociones muy fuertes. La Selección transmitió cosas y la gente se sintió identificada. Fue de las cosas más lindas que me pasó en el fútbol", afirma. También recuerda la Libertadores con Peñarol, conquistada con un gol de Diego Aguirre en el último segundo.

El País

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